Miedo
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Etiquetas: Maternidad, Nosotros, Reflexiones
La escuela y la universidad necesitan un cambio
jueves, 12 de marzo de 2009

Un cambio profundo. El fracaso escolar no sólo se manifiesta por los que abandonan o suspenden, también por los que aprueban sin haber conseguido un aprendizaje duradero y de calidad.
NO ES VERDAD que los docentes españoles tengan un exceso de formación pedagógica y un déficit de formación en contenidos. Todo lo contrario. Los profesores de secundaria, por ejemplo, después de cinco años de formación en una licenciatura centrada en los contenidos (Filosofía, Matemáticas, Historia, etc.) sólo han recibido, en el mejor de los casos, un curso de dos meses de duración donde se comprimen aspectos tan importantes para su futuro profesional como los siguientes: la psicología de niños, niñas y adolescentes; la importancia de la dimensión afectiva y social en el aprendizaje y en la autoestima; los diferentes modelos pedagógicos y didácticos que existen y sus resultados; la manera de seleccionar y formular los contenidos; el diseño de actividades para el aprendizaje de materias concretas; el uso didáctico de diferentes tipos de recursos, incluidos aquellos más próximos a la cultura cotidiana de los estudiantes; las formas de evaluar y sus repercusiones en la formación de alumnos y alumnas; las tendencias innovadoras en educación; la dinámica de los grupos humanos y el trabajo cooperativo; el funcionamiento de los centros y las relaciones con las familias y las normas legales existentes sobre el sistema educativo.
Pero hay más. En una profesión centrada en la práctica, los docentes de secundaria y de primaria han tenido una formación muy poco vinculada a los centros escolares (sería inimaginable algo similar en la formación de los médicos, por ejemplo). Por lo demás, en la universidad, donde, no lo olvidemos, se forma a los futuros docentes, no es necesaria ninguna formación pedagógica o didáctica para ser profesor. Es de justicia reconocer aquí el esfuerzo realizado por los docentes de nuestro país que han intentado dar respuestas a los problemas profesionales de su trabajo a pesar de su insuficiente formación inicial, de la cual, obviamente, no eran responsables.
No es verdad, por tanto, que haya un exceso de formación psicopedagógica y didáctica. Somos, en este sentido, una anomalía en relación con otros muchos países. Por eso, consideramos necesaria una profunda y urgente reforma de la formación inicial del profesorado que asuma, por fin, que para enseñar no basta con saber el contenido.
El cambio ha de venir de la recuperación y actualización de aquellas ideas y experiencias que han demostrado su capacidad transformadora. La Institución Libre de Enseñanza, la Escuela Nueva, la Escuela Moderna, las Misiones Pedagógicas, los Movimientos de Renovación Pedagógica, etc. son, entre otros, algunos ejemplos valiosos de nuestro pasado. Las aportaciones de ilustres docentes e investigadores como Giner de los Ríos, Freire, Freinet, Montessori, Rosa Sensat, Piaget, Vygotsky, entre otros muchos, o de intelectuales de prestigio mundial como Morin, también pueden iluminar este proceso de cambio.
Algunos principios orientadores de la escuela que necesitamos son los siguientes:
1.Centrada en los estudiantes y en su desarrollo integral (corporal, intelectual, social, práctico, emocional y ético).
2. Con contenidos básicos vinculados a problemáticas relevantes de nuestro mundo, buscando la calidad frente a la cantidad, la integración de materias frente a la separación.
3. Con metodologías investigativas que promuevan aprendizajes concretos y funcionales, al mismo tiempo que capacidades generales como la de aprender a aprender. Donde el esfuerzo necesario para aprender tenga sentido.
4. Con recursos didácticos y organizativos modernos y variados. Una escuela que utilice de forma inteligente y crítica los medios tecnológicos de esta época.
5. Con formas de evaluación formativas y participativas que abarquen a todos los implicados (estudiantes, docentes, centros, familias y administración), que impulsen la motivación interna para mejorar y que contemplen a las personas en todas sus dimensiones.
6. Con docentes formados e identificados con su profesión. Mediadores críticos del conocimiento. Dispuestos al trabajo cooperativo y en red. Estimulados para la innovación y la investigación.
7. Con una ratio razonable y con profesorado ayudante y en prácticas. Con momentos para diseñar, evaluar, formarse e investigar.
8. Con un ambiente acogedor, donde los tiempos, espacios y mobiliarios estimulen y respeten las necesidades y los ritmos de los menores.
9. Cogestionada con autonomía por toda la comunidad educativa. Que promueva la corresponsabilidad del alumnado. Comprometida con el medio local y global.
10. Auténticamente pública y laica. Con un marco legal mínimo basado en grandes finalidades y obtenido por un amplio consenso político y social.
No estamos planteando un espejismo. Hay docentes, estudiantes, padres y madres que están haciendo realidad esta escuela en muchos sitios, también entre nosotros. Que deje de ser testimonial requiere voluntad política, compromiso social y visión largo plazo, como han demostrado otros países.
Por eso, frente a la enseñanza tradicional que padecemos, afirmamos que:
Otra escuela es necesaria, ya existe y es posible.
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Suma o resta
miércoles, 4 de marzo de 2009
Tengo claro, que esto se debe a mi incapacidad para prestarle a la opinión de los demás la importancia adecuada. Lo que piensen los otros me importa demasiado, me hunde en la duda y me resta confianza en mi misma.
Las decisiones personales que he ido tomando para y por la crianza de mi hijo, me han colocado al margen de lo establecido socioculturalmente. Y ahora me doy cuenta que permanecer a una minoría no es fácil, por muy segura que estés de esas decisiones y de estar intentando hacer lo más adecuado. Al menos para mi.
Cuando dos posturas que no se parecen se escuchan y respetan, se complementan en sus debilidades y suman. Cuando nos mostramos suspicaces, incapaces de escuchar alternativas por temor a sentirnos cuestionados y sembramos barreras de dogmas, restamos. Restamos oportunidades, interacciones sanas, confianza.
En el sistema actual mucha gente no se permite la duda, se anclan en lo establecido sin resquicios y alzan muros para no tener que sufrir. Pero todo pasa factura, a la familia, a la sociedad y al mundo.
Sólo los tachados de "iluminados" sufren la conciencia de saber que lo establecido no tiene porque ser lo mejor, de debatirse entre alternativas que lo alejan de muchos pero lo sitúan en algo parecido a la paz interior (aunque para muchos nunca llega), de complicarse la vida para simplificarla, de querer sumar y que les sumen. Pero es cansado, muy cansado.
Quisiera que mi cabeza dejara alguna vez de funcionar, y me imagino que lo hace, pero a veces me siento agotada. Pero no me queda alternativa. Quien es iluminado e algún momento de su vida por la circunstancia que sea ya no volverá nunca al mundo de los dogmas, tendrá que sufrir la condena de ser feliz conscientemente.
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Etiquetas: Maternidad, Reflexiones
Días difíciles
jueves, 29 de enero de 2009
Han sido días dificiles que han terminado de forma drástica y quizás hasta cruel. No ha sido justo que haya tenido que pasar por esto, no ha habido justicia en este trance.
No ha habido oportunidad de dejar pasar..., no era el momento..., era lo más sensato.
De este tipo de deciciones se conforma nuestro destino, que diferente podría haber sido la vida, no digo mejor, no digo peor, sólo diferente.
Pero no era mi vida, ojalá hubiera podido cambiarme por ella. No era mi decisión, no era el momento..., era lo más sensato.
Nunca sabremos como hubiera sido. Sólo sé que yo ya lo quería, ya era parte de mi vida. Lo llevaré en el pensamiento por mucho tiempo, quizá toda la vida.
Ha sido valiente por su futuro... La entiendo, no era el momento..., era lo más sensato. Pero el corazón me duele, me imagino que como a ella, aunque espero que no sea consciente, que no haya llegado a serlo. Y cure y sane y olvide.
No era el momento..., era lo más sensato.
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Etiquetas: Reflexiones
Profesionales de la enfermedad
viernes, 2 de enero de 2009
Desde que nació mi hijo he ido alejándome progresivamente de la medicina tradicional. Ha sido un impulso desencadenado por la cantidad de información que he consumido en estos meses.Muchos de los médicos que ocupan las consultas son expertos en mitigar síntomas de enfermedades, raramente son capaces de curarlas, sobre todo si se refieren a una esfera psico-física y casi nunca buscan el origen fuera del azar. Se convierten a mi modo de ver en profesionales de la enfermedad, no de la salud. Expertos en diagnosticar, poner nombre inteligibles y recetar pastillas como churros, más preocupados por eliminar el síntoma de forma inmediata que de las consecuencias futuras de sus prescripciones.
El consumo masivo de fármacos es parte de su vida, los recomiendan sin resquicios y los consumen de igual forma. Lo importante es no tener contacto con el dolor. Para que sufrir si puede evitarse.
Todo esto me hace pensar... No sería más importante ir al origen del malestar. No sería más importante promocionar la salud desde el nacimiento (o incluso antes) y evitar que nuestros sistemas inmunes se sientan inútiles. Seguimos sin confiar en la naturaleza... No la dejamos expresarse.
Se medicalizan los partos para desconectarnos del dolor, se interfiere en la lactancia materna por la comodidad de la madre y el bebe, se recetan multitud de fármacos para que la fiebre y los mocos no interfieran en el vertiginoso ritmo de vida de padres que trabajan muchas horas.
Sin duda hay profesionales maravillosos que se ocupan y preocupan por aprender todos los días y tratan de escuchar a sus pacientes, preguntándoles por como se sienten y no por lo que les sucede. La cuestión es, por que es tan difícil encontrarlos.
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Etiquetas: Nosotros, Reflexiones
Minutos eternos, semanas fugaces
jueves, 11 de diciembre de 2008

Minutos eternos, semanas fugaces... Así siento pasar el tiempo desde que mi hijo nació.
En su día se me tachó de estar "loca con las hormonas", de depender demasiado de él, de hacerlo a él dependiente de mi, se me animó a buscar tiempo para "despejarme", se empeñaron varias veces en cogerlo de mis brazos para que yo pudiera hacer algo "tranquila", ningún consejo era solicitado, me encontraba bien, estaba tranquila. En un planeta diferente, en una dimensión espacio temporal distinta que no se regía más que por las necesidades y los espacios de mi bebe.
Hoy, vuelvo a visitar el planeta tierra de vez en cuando. Hoy después de 16 meses, siento que puedo hacer alguna excursión mundana y regresar con el corazón en la boca queriéndomelo comer a besos. No mas de dos horas, no todos los días, ni todas las semanas.
Por esto, siempre que escucho algo sobre esta teoría del "tiempo de calidad" me pongo a temblar... Me da miedo seguir escuchando justificaciones vacías de esencia y llenas de culpabilidad encubierta.
Me resisto a conocer más historias de poco tiempo, poco contacto, poca fusión y vínculo, y si además se enuncian esas palabras mágicas "tiempo de calidad" que parecen dar la tranquilidad, la receta mágica al que las enuncia, peor que peor. Suelen ser personas que se han preocupado en elaborar un argumento contra el que creen nadie puede contradecirles.
Entiendo que los tiempos en que vivimos hagan triunfar teorías como esta. Somníferos para conciencias, chupetes edulcorados para padres y madres de "fin de semana" ( o ni siquiera eso).
En la etapa en la que vivo de crianza, he constatado en mi experiencia que esa teoría no sólo es tiránica sino imposible de aplicar. Hasta el día de hoy mi hijo me ha necesitado cada segundo que he pasado con él. Han sido miles de horas sin interrupción, y en todos esos minutos eternos sus ojos me han dado miles de razones por las que mirarlos en directo.
Con esto no quiero decir que no pueda hacerse... Creo sinceramente, que la mejor opción es estar con ellos (los hijos). La diada madre-bebe no debe separarse en los primeros meses, pero no como imposición, lo normal es que no les apetezca hacerlo y sólo pretendo que no se los instigue a hacerlo fuera de su deseo.
Cuando no queda más remedio (aunque siempre hay remedio), deben priorizarse las necesidades del bebe, valorar las horas de separación en la relación coste-beneficios. Con quién dejamos a nuestro hijo, cuantas horas, como se siente el bebe... y como nos sentimos nosotras.
No me siento inútil por no estar trabajando fuera del hogar. No hay trabajo más importante que pueda hacer en estos momentos. No hay nada más valioso que pueda hacer. No podré hacerlo en otro momento de mi vida. Mi hijo sólo va a nacer una vez en la vida, sólo va a ser pequeño una vez en la vida, y esta etapa es fugaz. Somos conscientes de ello.
Puede ser que haya familias que encuentren fórmulas mágicas para poder llevar hacia adelante toda esta responsabilidad, me consta que hay super mujeres que pueden conseguirlo, lo que me cuesta creer es que se pueda conseguir cuando los bebes son demasiado pequeños si ello implica tener que estar separados. A medida que crecen pueden darte espacio para algunas horas no dedicación exclusiva, quizá entonces puedas buscar esas formulas mágicas y asegurarte de que tienen todo lo que necesitan.
No soy ninguna martir a la que haya que agradecer nada, por primera vez en mi vida tomo decisiones conscientes por y para la felicidad propia y de los mios. No quiero desestimar esfuerzos, perder el tiempo. Quizá no es la mejor opción, seguro que no es la políticamente más correcta, pero no puedo posicionarme en un término medio respecto de este tema. La infancia es tan corta que no puedo hacer otra cosa que darle toda la importancia que se merece.
Los minutos pueden parecer eternos, perdida en tus ojos, mirándote dormir colgado de mi pecho, observándote descubrir el mundo... Las semanas pasan fugaces y sin compasión, ayer no habías nacido hoy eres ... simplemente tú. La luz de mi vida.
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Infertilidad
lunes, 8 de diciembre de 2008
Representa la fecundidad, como capacidad creadora, me parece hermosísimo y me apasiona; y cuando pinto suelo reflejarlo en la figura de mujer preñada. Preñada de ideas, de sueños, de proyectos, de fuerza, de sensibilidad, de amor... De todo eso de lo que estamos preñadas siempre, aunque a veces nos resulte fácil olvidarnos de ello...
Yo misma que siempre había soñado con ser madre me encontré con muchos meses de tratamiento y lágrimas. Si lo pienso, mi vida interior no existía, la había dejado relegada a cuestiones mundanas que la habían maltratado. Había desoído aquello que me llenaba y que me hacía feliz y me encontraba rodeada de gente que no se respetaban ni respetaban a nadie. Soportaba todo tipo de humillaciones. No me escuché, me infravaloré, no me quise nada durante muchos meses.
Laura Gutman dice así:
Estamos en un momento muy contradictorio para concebir... De hecho, una de cada seis parejas tiene problemas de infertilidad... Hay muchos factores que influyen: la alimentación, el entorno, el estrés, pero en la mayoría de los casos de infertilidad se desconocen las causas... Posiblemente , tendremos que estar más dispuestos a reconocer la conexión entre nuestro ser interior y nuestro cuerpo, ya sea para concebir, como para mejorar la relación con la fertilidad en general... Muchos factores físicos, psíquicos y emocionales intervienen en la concepción.
Muchas mujeres no quedamos embarazadas porque una parte oculta y rechazada de nosotras mismas no lo desea. Muchas de nosotras continuamos siendo infecundas mientras trabajamos entre 70 y 80 horas semanales...
Para concebir un hijo, necesitamos fundirnos en un estar puramente receptivo y quieto, no es algo programable en una nutrida agenda llena de obligaciones. Tener un trabajo no afecta a la fertilidad, posiblemente tenga que ver con la carga de identidad, deseo y libido que las mujeres desplegamos en el trabajo.
También cuenta la distancia emocional que hay entre nuestro ser interior y la mayoría de las actividades que realizamos. Ese alejamiento entre el yo interno y el yo externo nos puede dejar infecundas, y esta es una realidad que se nos presenta asiduamente, mostrándonos que hay un largo camino que transitar en la compresión e integración de muchas de nuestras partes antes de traer un niño al mundo.
Mi niño vino a salvarme en el momento en que más lo necesitaba, por él tuve el valor de decir basta a todo aquello que me destruía, era tan simple como alejarme de aquellas personas, aquella empresa. Era tan fácil como quererme queriéndolo a él. Desde que nació mi vida interior ha ido renaciendo y creciendo con él. Son 16 mese de instropección y de trabajo que me han cambiado para siempre. Espero no olvidarme de mi misma nunca más, más que para pensar en él.
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Etiquetas: Maternidad, Reflexiones
Lactancia materna, esa gran desconocida...
jueves, 4 de diciembre de 2008
Por casualidad cuando había terminado de escribir vomitando palabras llenas de frustración incluí el dibujo precioso de Picasso que está al principio y se borró todo el texto sin posibilidad de recuperarlo... Algo tan bonito no podía convivir con aquel texto tan crispado... Ahora me alegro de volver a escribirlo con otro ánimo y talante.
Recordando el día de ayer. Cuando el enfermero empezó el cuestionario sobre alimentación no llegó a preguntarme cuando ya había puesto lactancia artificial en su ordenador, al escuchar que lo decía en voz alta le comenté que Daniel aún mamaba y su cara de sorpresa aunque me la esperaba me defraudó mucho. Más o menos fue así:
- Es e primer niño que veo en consulta que con 16 meses aún toma pecho...
- No es tan difícil, sólo hay que darlo a demanda y estar disponible.
- Las madres que vienen aquí se quedan sin leche mucho antes aunque no trabajen.
- El pecho es una fabrica no un almacén, hay que estimularlo para que produzca.
Y más cosas, con la misma falta de lógica e información. Lamentable, muy triste.
Ayer escribía sobre vergüenza, falta de profesionalidad y prepotencia. Hoy voy más allá, y busco la responsabilidad en otro nivel, hace cuarenta años. Los responsables de la situación actual de la lactancia materna, se hicieron de oro inculcando creencias y dogmas desnaturalizados, malintencionados y destructores del contacto físico y el amor. Y nos legaron una sociedad donde se premia la independencia, la productividad y el desarraigo.
Hoy siento una pena enorme. Pena por todos aquellos bebes a los que sus madres les han negado su leche por malos consejos, entre los cuales me incluyo. Todas aquellas madres que no han podido disfrutar de dar el pecho, de alimentar a sus hijos de la mejor manera posible. Y todo no por desinformación sino por información errónea, que es mucho peor, por malos consejos por parte de los encargados de la SALUD. Eminencias que no han querido escarbar para no levantar ampollas y se han quedado tan tranquilos recibiendo los regalos de diversos laboratorios.
No puedo mirar hacia otro lado, necesito poder hacer algo para que esto cambie. Ninguna madre debería pederse un regalo tan maravilloso.
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El secuestro de la confianza en uno mismo.
lunes, 24 de noviembre de 2008

Vivimos en una cultura, en un sistema, en una sociedad, en la que padecemos un fenómeno de desconexión cada vez más acusado. Desconexión de nosotros mismos, de nuestros procesos fisiológicos, emocionales, vitales. De nuestros ritmos internos, nuestras necesidades, nuestros instintos. Sin darnos cuenta, vivimos perdidos de nosotros mismos y sufrimos de diferentes malestares que no sabemos identificar ni superar.
No sabemos si estamos o no estamos embarazadas (nos lo dice un test), no sabemos si estamos o no de parto (nos lo dice una matrona), si somos o nos somos capaces de dar a luz (habla el obstetra) ni si nuestro bebé come lo suficiente (se lo preguntamos a un biberón), ni si necesita o no dormir (nos lo dice Estivill), o controlar sus esfínteres (nos lo dice la maestra). No sabemos si estamos deprimidos, ansiosos o qué nos pasa (para esto acudimos al psicólogo, para que nos ayude a descubrirlo) y sentimos que no podemos superarlo. Y no sabemos si contamos con los recursos internos para superar todas estas dudas y malestares, sin ayudas, sin métodos, sin medicinas, sin una dirección externa o un manual de usuario de nosotros mismos.
No confiamos en nosotros mismos y necesitamos, cada vez más, de los otros, lo médicos, los obstetras, los pediatras, los psicólogos, los psiquiatras.. que nos digan lo que nos pasa y cómo nos pasa y si se nos va a pasar y cuándo.
Necesitamos creer en algo o en alguien, y atribuirle el poder de saber sobre nosotros aquello que nosotros no sabemos y sólo así encontramos cierto sentido y cierto orden y paz en nuestro interior. Necesitamos también desplazar nuestra capacidad de conexión hacia afuera (porque hacia adentro no encontramos la vía) y nos conectamos a Internet, al móvil, al videojuego, a la comida, a la televisión, al tabaco o al café.
En el fondo, vivimos muy lejos de nosotros mismos, apenas sabemos quiénes somos, confiamos poco o muy poco en nuestras capacidades y en nuestra verdad, que apenas nos atrevemos a defender.
¿Por qué hemos llegado a esto? ¿Por qué somos unos adultos tan pequeños, tan desvalidos? ¿Por qué ya no podemos vivir sin ibuprofeno, sin psicoterapia, sin espejos? ¿Es que acaso ya no nos recordamos, que necesitamos que nos miren una y otra vez por fuera para adivinar lo que nos pasa por dentro?
Creo que estamos perdiendo la costumbre de nombrar a los niños lo que les pasa, de decirles la verdad, de ayudarles a conocerse, de dejarles ser ellos mismos. Creo que no confiamos en los bebés ni en los niños, en su capacidad de autorregularse física y emocionalmente. Les imponemos , desde el nacimiento, un criterio externo y las más de las veces ajeno a sí mismos, como única fuente de verdad. Un criterio que se aleja cada vez más de la realidad del ser humano, mamífero y primate. Y crecen, como nosotros crecimos, incorporando un esquema interno en el que ellos no son los protagonistas: les evaluamos los demás, les damos o les quitamos, les dirigimos, les premiamos, les castigamos. Les decimos si son buenos o malos, generosos o egoístas. Les indicamos cuándo tienen ganas de comer y cuánto, de hacer pis, de dormir, de besar y de abrazar (y lo hacemos de forma voraz, porque lo hacemos desde el apropiamiento del “otro”, dando por hecho que tenemos derecho, porque el niño nos pertenece).
Les vamos desposeyendo, paulatinamente, al igual que hicieron con nosotros, de su capacidad de darse cuenta por sí mismos de lo que desean, de lo que pueden o no pueden hacer, de lo que valen, de lo que no valen, de sus sensaciones y sus certezas.
Para mi, esto es la sobreprotección (que no tiene nada que ver con el amor, el cariño, ni el contacto, sino más bien con el rapto de los deseos, la ignorancia de las necesidades y la imposición de los criterios) y esto es uno de los grandes males que padecemos, porque conduce a nuestros hijos hacia el mismo destino que estamos viviendo nosotros, sus padres, que es la sensación general de no saber, de no sentir, de no ser capaces de hacer o superar nada realmente por nosotros mismos. Como si nuestra individualidad permaneciera secuestrada, encadenada, enajenada. Vivimos, trabajamos y nos relacionamos con los demás bajo una falsa seguridad, pero cuando llega el momento de afrontar cualquier pequeña crisis, cualquier desequilibrio (en nuestro cuerpo o en nuestra alma), cualquier cambio, movimiento o conmoción vital.. se pone de manifiesto cuán poco nos conocemos, cuán poco confiamos, qué poca estima nos tenemos como personas en particular y como especie en general y cúan necesitados seguimos estando de una madre que nos nombre lo que nos pasa, que nos insufle confianza, que nos diga cuál es la forma de las nubes que tenemos en nuestras cabezas.
Respecto a nosotros (poco podemos hacer ya, pero no está todo perdido) tenemos pendiente una vuelta a nosotros mismos, a nuestra verdadera naturaleza, a bajar a la tierra mojada y que mancha desde ese cielo vacío en el que planeamos observándonos desde lejos.
Respecto a nuestros hijos tenemos la oportunidad y el reto de permitirles ser las criaturas que vinieron al mundo a ser, de confiar mucho en ellos, en las certezas de su desarrollo, en el hecho de que sus imperfecciones son en realidad lo que los convierte en seres humanos perfectos, puros, libres.
Hagamos el esfuerzo de conectar con nuestras propias verdades, nuestra historia personal, nuestros fantasmas… para poder ayudar a nuestros hijos a nombrar lo que les pasa. El esfuerzo de volver a confiar en nuestra fuerza y nuestro poder de sanación, nuestra capacidad de amar, de entregarnos, de contener y de ser verdaderos maestros de la vida…. para poder confiar en ellos y su capacidad para ser dueños de la suya propia, de tomar decisiones, de darse cuenta por sí mismos de cómo funcionan las cosas, su cuerpo, su casa, su familia, su ciudad.
Entreguemos de una vez a los niños lo que siempre les ha pertenecido: su cuerpo, su alma y su destino.
Violeta Alcocer.Publicado por Lidia en 16:26 0 comentarios
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El camino, medio o meta en si mismo.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Hoy no me siento orgullosa de algunas cosas del pasado, tampoco me vergüenzo de ellas. Creo que me han servido para aprender aunque seguramente vuelva a caer en los mismos errores si vuelven a darse circunstancias similares. Lo que tengo claro es que en la mayoria de estas cosas lo importante no era lo que yo quería, lo que me hacía felíz. Tras ellas había razones soberanas que nada tenían que ver con mis sentimentos.
Hoy creo que no hay que esforzarse en hacer nada para poder sentirse orgulloso de uno mismo. Creo que hay que hacer aquello que nos llena, que nos da sentido, que nos hace felices. Creo que es la mejor forma de sentirse orgulloso de uno mismo. Creo que es la única que perdura en el tiempo, la única que nos aporta paz.
Cuando para conseguir una meta tienes que renunciar a tus preferencias, dejar para luego aquello que realmente te haría feliz, esa meta se vuelve tu enemiga y se aleja de ti como se alejan tus sueños.
Cuando te piensas feliz ¿como te imaginas?. Hacia ese punto es donde se debe ir.
Seguro que el camino no será fácil, pero si agradable. Puede que el camino se convierta en la manera ideal de vivir, ya que en él puedes sentirte plena. No es tan importante donde llegamos en la vida, lo importante es vivir sintiéndote satisfecho, queriéndote y queriendo lo mejor para poder ofrecerlo.
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