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Miedo

domingo, 9 de agosto de 2009


En los últimas semanas nos hemos enfrentado varias veces al miedo de ver a nuestro hijo Daniel sufrir por diversos accidentes.

Primero fue que se metió un caracol en la nariz, después una caída hizo que se rompiera el labio y una paleta se cayó a los 2 días y ayer cayó con tan mala suerte que se dio en la cabeza con una piedra haciéndose un buen chichón en la frente y arañándose casi toda la nariz y parte de la mejilla.

Situaciones límite a la que nos hemos enfrentado con dudosa fortaleza sus padres. Las hemos vivido con mucha angustia y se nos ha quedado el cuerpo en vilo muchos días, casi no hemos salido del chock aún.

Hoy después de una noche larga de despertarme a mirarlo muchas veces para comprobar que estaba bien, siento que quizá estamos pagando las consecuencias.

Las consecuencias de haberlo tenido demasiado"protegido", de no haberlo dejado ir descubriendo su cuerpo y sus propias habilidades paso a paso. Quizá no conoce sus límites físicos y ahora que comenzamos a tomar conciencia de ello e intentamos cambiar nuestra actitud se está topando de golpe con ellos.

Me pregunto, ¿es demasiado tarde y demasiado peligroso dejarlo ahora descubrirlos por si mismo o será más peligroso que lo haga aún mayor? Sólo sé que no podemos enfrentarnos a esto muchas más veces, de hecho creo que lo de ayer nos va a marcar por bastantes días, pero también creo que la reacción es contraproducente, lo que no sé es si va a poder ser evitable.

Sé que todo te hace crecer, espero no dejarme vencer por el miedo y que el miedo no se instale en nosotros mucho tiempo.

Suma o resta

miércoles, 4 de marzo de 2009


Este concepto se ha hecho muy importante en mi vida en los últimos meses.

Normalmente en casa, con los mios, me siento relativamente estable. Sin embargo en el momento que que me relaciono con grupos, siento en muchas ocasiones como hay gente capaz de restar o sumar (confianza, seguridad, buen rollo, etc.) a mi persona.

Tengo claro, que esto se debe a mi incapacidad para prestarle a la opinión de los demás la importancia adecuada. Lo que piensen los otros me importa demasiado, me hunde en la duda y me resta confianza en mi misma.

Las decisiones personales que he ido tomando para y por la crianza de mi hijo, me han colocado al margen de lo establecido socioculturalmente. Y ahora me doy cuenta que permanecer a una minoría no es fácil, por muy segura que estés de esas decisiones y de estar intentando hacer lo más adecuado. Al menos para mi.

¡Que no te importe lo que digan los demás!, fácil de decir e incluso de argumentar, pero cuando afecta a un mar de dudas, como es mi caso... no tan fácil. Me digo, deja de sufrir y disfruta por una vez en tu vida del momento. Y los ojos de mi hijo me devuelven al paraíso. Que haría sin él?.

La clave, creo que se encuentra en el respeto. Cuando escuchas cosas bonitas sobre ti, te llenas de orgullo. Sin embargo no creo que necesitemos adulaciones, lo que todos necesitamos es comprensión y respeto. Empatía.

Cuando dos posturas que no se parecen se escuchan y respetan, se complementan en sus debilidades y suman. Cuando nos mostramos suspicaces, incapaces de escuchar alternativas por temor a sentirnos cuestionados y sembramos barreras de dogmas, restamos. Restamos oportunidades, interacciones sanas, confianza.

En el sistema actual mucha gente no se permite la duda, se anclan en lo establecido sin resquicios y alzan muros para no tener que sufrir. Pero todo pasa factura, a la familia, a la sociedad y al mundo.

Sólo los tachados de "iluminados" sufren la conciencia de saber que lo establecido no tiene porque ser lo mejor, de debatirse entre alternativas que lo alejan de muchos pero lo sitúan en algo parecido a la paz interior (aunque para muchos nunca llega), de complicarse la vida para simplificarla, de querer sumar y que les sumen. Pero es cansado, muy cansado.

Quisiera que mi cabeza dejara alguna vez de funcionar, y me imagino que lo hace, pero a veces me siento agotada. Pero no me queda alternativa. Quien es iluminado e algún momento de su vida por la circunstancia que sea ya no volverá nunca al mundo de los dogmas, tendrá que sufrir la condena de ser feliz conscientemente.

Infertilidad

lunes, 8 de diciembre de 2008


Este hada preñada ha terminado de dar forma a las las ideas que se fraguaban en torno a la infertilidad. Su autora, Ana, una colega que transmite y lucha por la creatividad y el mundo interior, me la describía así:
Representa la fecundidad, como capacidad creadora, me parece hermosísimo y me apasiona; y cuando pinto suelo reflejarlo en la figura de mujer preñada. Preñada de ideas, de sueños, de proyectos, de fuerza, de sensibilidad, de amor... De todo eso de lo que estamos preñadas siempre, aunque a veces nos resulte fácil olvidarnos de ello...
¿Será la infertilidad en nuestros tiempos consecuencia de nuestro vacío interior? Estos días leyendo a Laura Gutman, esta idea me ha dado mucho que pensar. El ritmo de nuestras vidas no deja espacio para entregarse a ser padres. Entregarse sin resquicios a quizás la experiencia más arrolladora de nuestra pequeña existencia. Y nuestros inconscientes sabios y desconectados con la esencia intima de la maternidad se resisten a anidar vida en nuestros vientres.

Yo misma que siempre había soñado con ser madre me encontré con muchos meses de tratamiento y lágrimas. Si lo pienso, mi vida interior no existía, la había dejado relegada a cuestiones mundanas que la habían maltratado. Había desoído aquello que me llenaba y que me hacía feliz y me encontraba rodeada de gente que no se respetaban ni respetaban a nadie. Soportaba todo tipo de humillaciones. No me escuché, me infravaloré, no me quise nada durante muchos meses.

Laura Gutman dice así:
Estamos en un momento muy contradictorio para concebir... De hecho, una de cada seis parejas tiene problemas de infertilidad... Hay muchos factores que influyen: la alimentación, el entorno, el estrés, pero en la mayoría de los casos de infertilidad se desconocen las causas... Posiblemente , tendremos que estar más dispuestos a reconocer la conexión entre nuestro ser interior y nuestro cuerpo, ya sea para concebir, como para mejorar la relación con la fertilidad en general... Muchos factores físicos, psíquicos y emocionales intervienen en la concepción.
Muchas mujeres no quedamos embarazadas porque una parte oculta y rechazada de nosotras mismas no lo desea. Muchas de nosotras continuamos siendo infecundas mientras trabajamos entre 70 y 80 horas semanales...
Para concebir un hijo, necesitamos fundirnos en un estar puramente receptivo y quieto, no es algo programable en una nutrida agenda llena de obligaciones. Tener un trabajo no afecta a la fertilidad, posiblemente tenga que ver con la carga de identidad, deseo y libido que las mujeres desplegamos en el trabajo.
También cuenta la distancia emocional que hay entre nuestro ser interior y la mayoría de las actividades que realizamos. Ese alejamiento entre el yo interno y el yo externo nos puede dejar infecundas, y esta es una realidad que se nos presenta asiduamente, mostrándonos que hay un largo camino que transitar en la compresión e integración de muchas de nuestras partes antes de traer un niño al mundo.

Mi niño vino a salvarme en el momento en que más lo necesitaba, por él tuve el valor de decir basta a todo aquello que me destruía, era tan simple como alejarme de aquellas personas, aquella empresa. Era tan fácil como quererme queriéndolo a él. Desde que nació mi vida interior ha ido renaciendo y creciendo con él. Son 16 mese de instropección y de trabajo que me han cambiado para siempre. Espero no olvidarme de mi misma nunca más, más que para pensar en él.


Lazos

jueves, 20 de noviembre de 2008


LAZOS

¿Cómo puede alguien

que apenas sabe pronunciar

unas cuantas palabras

arar un camino tan hondo

y entrar a saco

por cuanta ranura hay abierta

en mi invisible palpitante centro?


A díario, niña,

acumulo tu amor

como avaro guardando

expectantes tesoros.

Tu cuerpo menudo y caliente

entre mis brazos

me lleva tan cerca de la felicidad

que, temiendo semejante abundancia,

te susurro mi dicha como un largo secreto clandestino.


No sé por qué

en las noches cuando te sostengo

hasta que cerrás las alas

resignándote a la oscuridad y el sueño,

siento que, contrario a las apariencias,

me tiraste una cuerda de plata en un naufragio

y es mi cordón umbilical

el que ahora descansa en tus pequeñas manos,

como si, hija mía, fuera yo también hija de

esos profundos ojos

que un día sabiamente

soltaron hacia mí

sus relucientes anclas.


Hija de mi esperanza,

diminuta mujer

sobreviviente,

no sé qué hay en vos

que cierra y da sentido

a los círculos misteriosos de mi vida,

sólo sé que cuando la flecha de la tuya

giraba buscando espacio en el espacio,

agua y sed se encontraron

y ahora henos aquí

madre y pequeña niña

apretadas, envueltas, enlazadas,

como si jamás hubiésemos existido

apartadas la una de la otra.


Gioconda Belli

 
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