Miedo
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Suma o resta
miércoles, 4 de marzo de 2009
Tengo claro, que esto se debe a mi incapacidad para prestarle a la opinión de los demás la importancia adecuada. Lo que piensen los otros me importa demasiado, me hunde en la duda y me resta confianza en mi misma.
Las decisiones personales que he ido tomando para y por la crianza de mi hijo, me han colocado al margen de lo establecido socioculturalmente. Y ahora me doy cuenta que permanecer a una minoría no es fácil, por muy segura que estés de esas decisiones y de estar intentando hacer lo más adecuado. Al menos para mi.
Cuando dos posturas que no se parecen se escuchan y respetan, se complementan en sus debilidades y suman. Cuando nos mostramos suspicaces, incapaces de escuchar alternativas por temor a sentirnos cuestionados y sembramos barreras de dogmas, restamos. Restamos oportunidades, interacciones sanas, confianza.
En el sistema actual mucha gente no se permite la duda, se anclan en lo establecido sin resquicios y alzan muros para no tener que sufrir. Pero todo pasa factura, a la familia, a la sociedad y al mundo.
Sólo los tachados de "iluminados" sufren la conciencia de saber que lo establecido no tiene porque ser lo mejor, de debatirse entre alternativas que lo alejan de muchos pero lo sitúan en algo parecido a la paz interior (aunque para muchos nunca llega), de complicarse la vida para simplificarla, de querer sumar y que les sumen. Pero es cansado, muy cansado.
Quisiera que mi cabeza dejara alguna vez de funcionar, y me imagino que lo hace, pero a veces me siento agotada. Pero no me queda alternativa. Quien es iluminado e algún momento de su vida por la circunstancia que sea ya no volverá nunca al mundo de los dogmas, tendrá que sufrir la condena de ser feliz conscientemente.
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Etiquetas: Maternidad, Reflexiones
Infertilidad
lunes, 8 de diciembre de 2008
Representa la fecundidad, como capacidad creadora, me parece hermosísimo y me apasiona; y cuando pinto suelo reflejarlo en la figura de mujer preñada. Preñada de ideas, de sueños, de proyectos, de fuerza, de sensibilidad, de amor... De todo eso de lo que estamos preñadas siempre, aunque a veces nos resulte fácil olvidarnos de ello...
Yo misma que siempre había soñado con ser madre me encontré con muchos meses de tratamiento y lágrimas. Si lo pienso, mi vida interior no existía, la había dejado relegada a cuestiones mundanas que la habían maltratado. Había desoído aquello que me llenaba y que me hacía feliz y me encontraba rodeada de gente que no se respetaban ni respetaban a nadie. Soportaba todo tipo de humillaciones. No me escuché, me infravaloré, no me quise nada durante muchos meses.
Laura Gutman dice así:
Estamos en un momento muy contradictorio para concebir... De hecho, una de cada seis parejas tiene problemas de infertilidad... Hay muchos factores que influyen: la alimentación, el entorno, el estrés, pero en la mayoría de los casos de infertilidad se desconocen las causas... Posiblemente , tendremos que estar más dispuestos a reconocer la conexión entre nuestro ser interior y nuestro cuerpo, ya sea para concebir, como para mejorar la relación con la fertilidad en general... Muchos factores físicos, psíquicos y emocionales intervienen en la concepción.
Muchas mujeres no quedamos embarazadas porque una parte oculta y rechazada de nosotras mismas no lo desea. Muchas de nosotras continuamos siendo infecundas mientras trabajamos entre 70 y 80 horas semanales...
Para concebir un hijo, necesitamos fundirnos en un estar puramente receptivo y quieto, no es algo programable en una nutrida agenda llena de obligaciones. Tener un trabajo no afecta a la fertilidad, posiblemente tenga que ver con la carga de identidad, deseo y libido que las mujeres desplegamos en el trabajo.
También cuenta la distancia emocional que hay entre nuestro ser interior y la mayoría de las actividades que realizamos. Ese alejamiento entre el yo interno y el yo externo nos puede dejar infecundas, y esta es una realidad que se nos presenta asiduamente, mostrándonos que hay un largo camino que transitar en la compresión e integración de muchas de nuestras partes antes de traer un niño al mundo.
Mi niño vino a salvarme en el momento en que más lo necesitaba, por él tuve el valor de decir basta a todo aquello que me destruía, era tan simple como alejarme de aquellas personas, aquella empresa. Era tan fácil como quererme queriéndolo a él. Desde que nació mi vida interior ha ido renaciendo y creciendo con él. Son 16 mese de instropección y de trabajo que me han cambiado para siempre. Espero no olvidarme de mi misma nunca más, más que para pensar en él.
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Lazos
jueves, 20 de noviembre de 2008
LAZOS
¿Cómo puede alguien
que apenas sabe pronunciar
unas cuantas palabras
arar un camino tan hondo
y entrar a saco
por cuanta ranura hay abierta
en mi invisible palpitante centro?
A díario, niña,
acumulo tu amor
como avaro guardando
expectantes tesoros.
Tu cuerpo menudo y caliente
entre mis brazos
me lleva tan cerca de la felicidad
que, temiendo semejante abundancia,
te susurro mi dicha como un largo secreto clandestino.
No sé por qué
en las noches cuando te sostengo
hasta que cerrás las alas
resignándote a la oscuridad y el sueño,
siento que, contrario a las apariencias,
me tiraste una cuerda de plata en un naufragio
y es mi cordón umbilical
el que ahora descansa en tus pequeñas manos,
como si, hija mía, fuera yo también hija de
esos profundos ojos
que un día sabiamente
soltaron hacia mí
sus relucientes anclas.
Hija de mi esperanza,
diminuta mujer
sobreviviente,
no sé qué hay en vos
que cierra y da sentido
a los círculos misteriosos de mi vida,
sólo sé que cuando la flecha de la tuya
giraba buscando espacio en el espacio,
agua y sed se encontraron
y ahora henos aquí
madre y pequeña niña
apretadas, envueltas, enlazadas,
como si jamás hubiésemos existido
apartadas la una de la otra.
Gioconda Belli
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