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Miedo

domingo, 9 de agosto de 2009


En los últimas semanas nos hemos enfrentado varias veces al miedo de ver a nuestro hijo Daniel sufrir por diversos accidentes.

Primero fue que se metió un caracol en la nariz, después una caída hizo que se rompiera el labio y una paleta se cayó a los 2 días y ayer cayó con tan mala suerte que se dio en la cabeza con una piedra haciéndose un buen chichón en la frente y arañándose casi toda la nariz y parte de la mejilla.

Situaciones límite a la que nos hemos enfrentado con dudosa fortaleza sus padres. Las hemos vivido con mucha angustia y se nos ha quedado el cuerpo en vilo muchos días, casi no hemos salido del chock aún.

Hoy después de una noche larga de despertarme a mirarlo muchas veces para comprobar que estaba bien, siento que quizá estamos pagando las consecuencias.

Las consecuencias de haberlo tenido demasiado"protegido", de no haberlo dejado ir descubriendo su cuerpo y sus propias habilidades paso a paso. Quizá no conoce sus límites físicos y ahora que comenzamos a tomar conciencia de ello e intentamos cambiar nuestra actitud se está topando de golpe con ellos.

Me pregunto, ¿es demasiado tarde y demasiado peligroso dejarlo ahora descubrirlos por si mismo o será más peligroso que lo haga aún mayor? Sólo sé que no podemos enfrentarnos a esto muchas más veces, de hecho creo que lo de ayer nos va a marcar por bastantes días, pero también creo que la reacción es contraproducente, lo que no sé es si va a poder ser evitable.

Sé que todo te hace crecer, espero no dejarme vencer por el miedo y que el miedo no se instale en nosotros mucho tiempo.

Profesionales de la enfermedad

viernes, 2 de enero de 2009

Desde que nació mi hijo he ido alejándome progresivamente de la medicina tradicional. Ha sido un impulso desencadenado por la cantidad de información que he consumido en estos meses.

Nunca había cuestionado los consejos médicos a pesar de que ahora creo que muchos de ellos no fueron adecuados, simplemente no se me ocurrió plantearme su validez. Tampoco he necesitado nunca ir demasiado al médico, siempre me he encontrado bastante sana y no he tenido la necesidad. Pero cuando una vida depende de tus decisiones comienzas a cuestionarte absolutamente todo. Después de muchos meses de "dudas" saco en claro una cuestión:

Muchos de los médicos que ocupan las consultas son expertos en mitigar síntomas de enfermedades, raramente son capaces de curarlas, sobre todo si se refieren a una esfera psico-física y casi nunca buscan el origen fuera del azar. Se convierten a mi modo de ver en profesionales de la enfermedad, no de la salud. Expertos en diagnosticar, poner nombre inteligibles y recetar pastillas como churros, más preocupados por eliminar el síntoma de forma inmediata que de las consecuencias futuras de sus prescripciones.

El consumo masivo de fármacos es parte de su vida, los recomiendan sin resquicios y los consumen de igual forma. Lo importante es no tener contacto con el dolor. Para que sufrir si puede evitarse.

Todo esto me hace pensar... No sería más importante ir al origen del malestar. No sería más importante promocionar la salud desde el nacimiento (o incluso antes) y evitar que nuestros sistemas inmunes se sientan inútiles. Seguimos sin confiar en la naturaleza... No la dejamos expresarse.

Se medicalizan los partos para desconectarnos del dolor, se interfiere en la lactancia materna por la comodidad de la madre y el bebe, se recetan multitud de fármacos para que la fiebre y los mocos no interfieran en el vertiginoso ritmo de vida de padres que trabajan muchas horas.

Sin duda hay profesionales maravillosos que se ocupan y preocupan por aprender todos los días y tratan de escuchar a sus pacientes, preguntándoles por como se sienten y no por lo que les sucede. La cuestión es, por que es tan difícil encontrarlos.

Minutos eternos, semanas fugaces

jueves, 11 de diciembre de 2008


Minutos eternos, semanas fugaces... Así siento pasar el tiempo desde que mi hijo nació.

Desde que pude tenerlo en mis brazos una fuerza sobrenatural me ató a su cercanía, no he podido separarme de él. No he querido tener ganar de hacerlo.

En su día se me tachó de estar "loca con las hormonas", de depender demasiado de él, de hacerlo a él dependiente de mi, se me animó a buscar tiempo para "despejarme", se empeñaron varias veces en cogerlo de mis brazos para que yo pudiera hacer algo "tranquila", ningún consejo era solicitado, me encontraba bien, estaba tranquila. En un planeta diferente, en una dimensión espacio temporal distinta que no se regía más que por las necesidades y los espacios de mi bebe.

Hoy, vuelvo a visitar el planeta tierra de vez en cuando. Hoy después de 16 meses, siento que puedo hacer alguna excursión mundana y regresar con el corazón en la boca queriéndomelo comer a besos. No mas de dos horas, no todos los días, ni todas las semanas.

Por esto, siempre que escucho algo sobre esta teoría del "tiempo de calidad" me pongo a temblar... Me da miedo seguir escuchando justificaciones vacías de esencia y llenas de culpabilidad encubierta.

Me resisto a conocer más historias de poco tiempo, poco contacto, poca fusión y vínculo, y si además se enuncian esas palabras mágicas "tiempo de calidad" que parecen dar la tranquilidad, la receta mágica al que las enuncia, peor que peor. Suelen ser personas que se han preocupado en elaborar un argumento contra el que creen nadie puede contradecirles.

Entiendo que los tiempos en que vivimos hagan triunfar teorías como esta. Somníferos para conciencias, chupetes edulcorados para padres y madres de "fin de semana" ( o ni siquiera eso).

En la etapa en la que vivo de crianza, he constatado en mi experiencia que esa teoría no sólo es tiránica sino imposible de aplicar. Hasta el día de hoy mi hijo me ha necesitado cada segundo que he pasado con él. Han sido miles de horas sin interrupción, y en todos esos minutos eternos sus ojos me han dado miles de razones por las que mirarlos en directo.

Con esto no quiero decir que no pueda hacerse... Creo sinceramente, que la mejor opción es estar con ellos (los hijos). La diada madre-bebe no debe separarse en los primeros meses, pero no como imposición, lo normal es que no les apetezca hacerlo y sólo pretendo que no se los instigue a hacerlo fuera de su deseo.

Cuando no queda más remedio (aunque siempre hay remedio), deben priorizarse las necesidades del bebe, valorar las horas de separación en la relación coste-beneficios. Con quién dejamos a nuestro hijo, cuantas horas, como se siente el bebe... y como nos sentimos nosotras.

No me siento inútil por no estar trabajando fuera del hogar. No hay trabajo más importante que pueda hacer en estos momentos. No hay nada más valioso que pueda hacer. No podré hacerlo en otro momento de mi vida. Mi hijo sólo va a nacer una vez en la vida, sólo va a ser pequeño una vez en la vida, y esta etapa es fugaz. Somos conscientes de ello.

Puede ser que haya familias que encuentren fórmulas mágicas para poder llevar hacia adelante toda esta responsabilidad, me consta que hay super mujeres que pueden conseguirlo, lo que me cuesta creer es que se pueda conseguir cuando los bebes son demasiado pequeños si ello implica tener que estar separados. A medida que crecen pueden darte espacio para algunas horas no dedicación exclusiva, quizá entonces puedas buscar esas formulas mágicas y asegurarte de que tienen todo lo que necesitan.

No soy ninguna martir a la que haya que agradecer nada, por primera vez en mi vida tomo decisiones conscientes por y para la felicidad propia y de los mios. No quiero desestimar esfuerzos, perder el tiempo. Quizá no es la mejor opción, seguro que no es la políticamente más correcta, pero no puedo posicionarme en un término medio respecto de este tema. La infancia es tan corta que no puedo hacer otra cosa que darle toda la importancia que se merece.

Los minutos pueden parecer eternos, perdida en tus ojos, mirándote dormir colgado de mi pecho, observándote descubrir el mundo... Las semanas pasan fugaces y sin compasión, ayer no habías nacido hoy eres ... simplemente tú. La luz de mi vida.

 
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